De Eça de Queiroz

Wenceslao Fernández Flórez foi un gran admirador da obra do escritor portugués Eça de Queiroz (Póvoa de Varzim, 1845-París, 1900). Con tal motivo, o pasado domingo dedicamos a nosa tertulia á figura do novelista autor de obras tan coñecidas como Os Maias, O primo Basilio, O Mandarim ou O crime do Padre Amaro. Mais, á marxe da súa faceta literaria, Eça de Queiroz foi tamén un grande xornalista e, como tal, colaborou co seu amigo Ramalho Ortigão na creación dunha serie de crónicas parlamentarias que chamaron As Farpas.

O volume Uma Campanha Alegre recolle a serie de Farpas escritas por Eça e foron traducidas, alén de outras novelas do escritor, por Fernández Flórez do portugués para o español.

Velaquí vai unha desas crónicas…

“Los cuatro partidos políticos”

“Existen en Portugal cuatro partidos políticos: el partido histórico, el regenerador, el reformista y el constituyente. Aun hay otros, casi anónimos, conocidos apenas por algunas familias. Los cuatro partidos oficiales, con periódico propio y puerta a la calle, viven en un perpetuo antagonismo, irreconciliables, batiéndose ardientemente unos contra otros desde dentro de sus artículos de fondo. Se ha intentado alguna vez una pacificación, la unión entre estos partidos. ¡Imposible! Ellos sólo poseen de común el lodo del Chiado, que todos pisan, y la Arcada, que a todos cubre. ¿Cuáles son las irritadas divergencias de principios que los separan? Veamos:

El partido regenerador es constitucional, monárquico, íntimamente monárquico, y recuerda en sus periódicos la necesidad de la economía.

El partido histórico es constitucional, inmensamente monárquico, y demuestra irrefutablemente la urgencia de la economía.

El partido constituyente es constitucional, monárquico, y presta gran atención a los problemas de la economía.

El partido reformista es monárquico y constitucional y paladín de la economía.

Los cuatro son católicos.

Los cuatro son centralizadores.

Los cuatro tienen el mismo afecto al orden.

Los cuatro quieren el progreso y citan a Bélgica.

Los cuatro estiman la libertad.

¿Cuáles son entonces sus divergencias? Son profundísimas. La idea de la libertad, por ejemplo, la entienden de diversos modos. El partido histórico dice gravemente que es necesario respetar las Libertades Públicas. El partido regenerador niega esto con una resuelta discrepancia, y pasa a probar con abundancia de argumentos que lo que se debe respetar son… las Públicas Libertades.

La conflagración es manifiesta.

En la acción gubernamental las discusiones son perpetuas. Así, el partido histórico propone un impuesto. Porque no hay remedio: es necesario pagar la religión, el ejército, la centralización, la lista civil, la diplomacia… Propone un impuesto.

“Caminamos hacia la ruina -exclama el presidente del Consejo-. El déficit crece. El país está empobrecido. La única manera de salvarnos es el impuesto que tenemos la honra de, etc.”

Pero entonces el partido regenerador, que está en la oposición, brama desesperadamente y se congrega en su Centro. Las caras relucen de sudor, los cabellos pintados se destiñen de agonía, y cada uno alarga el cuello en actitud de un hombre que ve desmoronarse a su patria.

- ¿Cómo? – exclaman todos-. ¿Más impuestoso aún?

Y, entonces, contra el impuesto se escriben artículos, se elaboran discursos, se traman votaciones. Por toda Lisboa ruedan carruajes de alquiler llevando, a trescientos reis por carrera, enemigos del impuesto. Se prepara la zancadilla al ministerio histórico… Y, ¡zas!, cae el ministerio histórico.

Y al siguiente día, el partido regenerador, en el Poder, triunfante, ocupa los sillones de San Bento. Esta mudanza lo alteró todo: los fondos públicos descendieron más, las transacciones disminuyeron más, la moralidad pública se abatió más, la opinión se hizo más descreída…; pero, al fin, ha caído aquel ministerio desorganizador que había concebido el impuesto, y todo el mundo está esperanzado, confiando.

Se abre la sesión parlamentaria. El nuevo ministerio regenerador va a hablar.

Los señores taquígrafos preparan sus plumas veloces. El telégrafo vibra de impaciencia de comunicar a los gobernadores civiles y a los militares la regeneración de la patria.

Los señores correos de gabinete tienen sus corceles ensillados. Porque , al fin, el ministerio regenerador va a decir su programa, y todos los concurrentes a la Cámara se suenan con alegría y esperanza.

- Tiene la palabra el señor presidente del Consejo.

El nuevo presidente.- Un ministerio nefasto (¡Bravo, bravo!, exclama la mayoría que era histórica la víspera) cayó ante la reprobación del país entero. Porque, señores diputados, el país está desorganizado y es preciso restaurar el crédito. Y la única manera de salvarnos… (Murmullos. Voces: ¡Oigan, oigan!) Por esto me decido a pedir que sea sometido inmediatamente a discusión… (Atención ávida, que hace palpitar debajo de los fraques el corazón de la mayoría), que sea sometido a discusión el impuesto que tenemos la honra, etc. (¡Bravo, bravo!)

Y en esa noche se reúne en su Centro el partido histórico, ayer en el ministerio y hoy en la oposición. Todos están lúgubres.

- Señores -dice el presidente con voz cavernosa-, el país está perdido. El ministerio regenerador, que aun ayer mismo ha subido al Poder, entra ya, doce horas después, por el camino de la anarquía y de la opresión, proponiendo un nuevo impuesto. Empleemos todas nuestras fuerzas en evitar al país esta última desgracia. ¡Guerra al impuesto!…

¡No! ¡No! ¡Con divergencias tan profundas es imposible la conciliación de los partidos!”

Mayo, 1871.

2 reflexións sobre “De Eça de Queiroz

  1. Tengo forzosamente que dejar mi comentario. La cruda realidad de la España actual, con tan solo una diferencia: el despilfarro y el exceso de libertades incontrolables. Pero la gravedad está en que se repite escena en 17 gobiernos.
    De esta no nos salva ni la Caridad, ésa que combaten las izquierdas a pesar de que son hoy por hoy la gran mayoría (un tercio de España, según Caritas) los dependientes de ayuda extrema.

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